Imagen: Alcaldía Mayor de Bogotá
Hay obras que se retrasan por su complejidad y otras que se convierten en símbolo de una gestión que no logra resolver lo que estaba previsto desde el comienzo como el puente bici peatonal frente al Centro Comercial El Edén.
La paradoja es difícil de ignorar. En 2015, el Estudio de Tránsito asociado al Centro Comercial El Edén estableció como compromiso la construcción de un puente sobre la Avenida Boyacá para atender las necesidades de movilidad generadas por el proyecto. Cuatro años después, ante la ausencia de la infraestructura definitiva, se implementó un semáforo provisional en la calle 12B para permitir el cruce seguro de peatones y ciclistas.
Lo que debía ser una solución transitoria terminó acompañando durante años la vida cotidiana del sector de Castilla y Villa Alsacia. La Secretaría Distrital de Movilidad ha señalado que cerca de 2.400 peatones y ciclistas por hora utilizan este punto para cruzar la avenida y reconoce que el control semafórico puede generar demoras en la circulación vehicular.
Aquí aparece una verdadera contradicción: el mismo proyecto que debía incorporar una solución para mitigar sus impactos sobre la movilidad terminó dependiendo durante años de una medida provisional que afecta la continuidad del tráfico.
El costo de esta demora no puede medirse únicamente en dinero. También se expresa en tiempo perdido, congestión, riesgos para los usuarios vulnerables y en la pérdida de confianza ciudadana frente al cumplimiento de los compromisos urbanísticos.
La gente espera con ansiedad la entrada en funcionamiento del puente bici peatonal prevista para el tercer trimestre de 2026 y por fin retirar el semáforo, mejorar la seguridad de peatones y ciclistas y favorecer la circulación por la Avenida Boyacá.
Lección: en una ciudad que planea para millones de habitantes, una medida temporal no puede convertirse en la respuesta definitiva a un problema que ya estaba identificado y previsto desde 2015.
