En La Merced Norte, como en otros sectores de Barrios Unidos, una sola casa puede albergar a varias familias. Padres, hijos y nietos han ampliado sus viviendas con el tiempo para permanecer juntos. Esta forma de habitar tiene antecedentes documentados: un diagnóstico distrital de 2009-2010 registró 64.936 hogares para 55.772 viviendas en la localidad y señaló que el 11,4 % de los hogares vivía en cuartos o inquilinatos, especialmente en Doce de Octubre–Los Alcázares.
Hoy la transformación urbana toca directamente este entorno. La Actuación Estratégica Calle 72, adoptada en junio de 2026, incluye dentro de su Nodo Carrera 30 sectores catastrales de La Merced Norte y proyecta nuevos desarrollos, vivienda, comercio y mayor aprovechamiento urbano alrededor de importantes corredores de transporte. La pregunta entonces no es solo cuánto vale una casa, sino qué ocurre cuando detrás de ese predio viven tres, cuatro o cinco hogares y la transformación inmobiliaria termina dispersando a esas familias, obligándolas a buscar vivienda lejos del lugar donde han construido su vida.
Cuando vender una vivienda significa que varias familias deben buscar dónde vivir cada vez más lejos, puede aparecer un desplazamiento silencioso: nadie necesariamente les ordena irse, pero quedarse se vuelve económicamente imposible. Y ahí surge otra pregunta de fondo: ¿qué pasa con la cohesión social cuando se rompen redes familiares, vecinales y comunitarias construidas durante generaciones? Renovar la ciudad también debería significar preservar la posibilidad de que quienes hicieron barrio puedan seguir habitándolo.
