Mientras Galán señala la falta de cultura ciudadana como una de las principales causas de las basuras en las calles, detrás de las bolsas también está la falta de planeación y control de la administración distrital. Contratos que vencieron sin tener listo su reemplazo, una propuesta rechazada por la CRA, operadores prorrogados pese a las alertas y, en Chapinero, rutas críticas y camiones fuera de operación.
Sí, hay ciudadanos que sacan la basura cuando no deben y la abandonan donde no corresponde. Pero detrás de las bolsas acumuladas también hay fallas en la recolección, operadores cuestionados y una administración que debía vigilarlos. Y cuando se revisa qué pasó con esos contratos, la historia empieza a oler bastante peor.
Las cifras confirman que no se trata solamente de percepción. Según la UAESP, durante 2025 Bogotá retiró cerca de 320.000 toneladas de residuos abandonados en puntos críticos y sitios de arrojo clandestino. Además, estos residuos pasaron de aproximadamente 813 a 968 toneladas diarias, un incremento cercano al 19 %.
En febrero de 2026, un debate en el Concejo reveló que entre 2024 y 2025 se acumularon más de 80.000 quejas y reclamos relacionados con el servicio de aseo, mientras las reclamaciones crecieron aproximadamente 36 %. También se conocieron informes de interventoría que advertían problemas en frecuencias de recolección, microrutas y disponibilidad de vehículos.
Chapinero es un buen ejemplo. Su operador, Promoambiental Distrito, tenía 105 microrutas clasificadas en criticidad alta —más del 37 %— y 13 vehículos inoperativos, según información presentada en el Concejo. Además, la propia UAESP había declarado previamente un incumplimiento de su contrato de concesión y aplicado la cláusula penal correspondiente.
Sin embargo, Promoambiental continúa recogiendo las basuras de Chapinero.
¿La razón? Los contratos de los cinco operadores vencían el 11 de febrero de 2026, una fecha que el Distrito conocía desde hacía años. Para entonces, la administración Galán debía tener encaminado el nuevo modelo de recolección de basuras. Se demoró y además la propuesta que presentó ante la CRA, la entidad nacional que regula este tipo de servicios, no fue aprobada por dudas en algunos cobros que pretendían hacer.
Así, Bogotá llegó al vencimiento de los contratos sin tener listo quién ni bajo qué nuevo modelo recogería la basura. La salida fue prorrogar a los mismos cinco operadores mientras se prepara una nueva licitación. Entre ellos, Promoambiental, que continúa atendiendo Chapinero pese a las alertas mencionadas.
Nada de esto prueba una irregularidad en las prórrogas, pero sí deja mal parada la gestión de quienes se presentan como los “técnicos” encargados de planear el aseo de Bogotá. Si desde 2018 se sabía exactamente cuándo terminaban los contratos, ¿cómo se llegó a 2026 sin un nuevo modelo aprobado y con la única salida de mantener a los mismos operadores, algunos ya cuestionados por su desempeño? ¿Fue simplemente falta de planeación o hay razones detrás de estas decisiones que la ciudad todavía merece conocer?
Mientras tanto, Galán anunció más vehículos, supervisores y kilómetros de barrido para enfrentar el problema. La falta de cultura ciudadana existe, pero no alcanza para explicar todo lo que huele mal con las basuras de Bogotá.
